martes, 18 de agosto de 2015

Cuéntame tu historia IV: Los que Esconden sus Ojos

Heyyo Foxes, dejo por aquí la cuarta entrega de la iniciativa Cuéntame tu historia. Presentamos a nuestro nuevo personaje.

Físico: estatura pequeña, ropa vieja, desgastada y rota (sudaderas grises, vaqueros negros, camisetas monocolor)
Personalidad: sumisa, callada, silenciosa, deprimida
Edad: 15 años
 

Con la capucha cubriéndole los ojos, el muchacho seguía a sus padres a una distancia prudencial. Estaba un poco cansado de aguantar las pullas de su madre y los comentarios de su padre acerca de su sexualidad. Hacía tiempo que había empezado a recluirse, a cerrarse en banda. Era una buena salida, aunque la más solitaria. A medida que pasaban las semanas aprendió a sonreír cuando debía, a encubrir lo que de verdad pensaba y a dejarse llevar sin rechistar. Empezó a callárselo todo y a caminar sin mirar a nadie a la cara.

La verdad es que la vida en general había dejado de irle bien a aquel pobre chico. Su sudadera gris siempre llevaba la capucha subida aplastándole el pelo sobre los ojos. De esa manera nadie le miraba a los ojos directamente y él podía ocultarlo todo un poco mejor. Pero si que había alguien que le miraba a los ojos, durante horas sin apenas apartar la mirada. Odiaba a ese pesado Soy-Sólo-Ojos. Aunque la verdad es que el también le observaba tras su pelo enmarañado y su capucha gris. El Observador de camisetas estampadas, vaqueros y zapatos de colores. Tenía un bonito pelo castaño brillante que solía apartarse a soplidos de los ojos. Sus gigantescos y profundos ojos.

Ambos jóvenes compartían un secreto. Conocían lo que se esconde tras los ojos del otro, tras las máscaras y las apariencias. Lo que no compartían era la opinión sobre el otro. Uno creía que el otro sólo era un inconveniente más en su horrible vida. El segundo pensaba en su compañero como un rayo de luz oscura en medio de una negrura espesa y opaca. Nunca habían hablado, pero en el fondo los dos sabían lo que sentían por el otro. No puedes escoger de quien te enamoras.

Para los dos todo empezó con una silenciosa admiración por su polo más opuesto. Pero la admiración fue dejando paso a otros sentimientos, otros pensamientos, alguna ensoñación. Y entonces empezaron las miradas furtivas mal disimuladas, no les importaba que el otro los descubriera. Y luego los pequeños roces al pasar por el lado del otro. Si bien los dos eran conscientes de los sentimientos del otro, ninguno se atrevía a hablar.

"¿Cómo voy a gustarle yo? Nunca hablo con nadie, no destaco en nada" se decía siempre el chico gris "Si le digo algo seguro que se ríe de mí"

"Como el nunca habla, ¿debería decirle yo algo?" se preguntaba el otro muchacho tristemente, "pero, ¿Qué haré si no me contesta?"

Un día una nota cayó en el pupitre de uno, y luego una más en el del otro y así empezaron a hablar. A veces una sonrisa de verdad asomaba a los ojos del uno o del otro. Y las diferencias entre los dos fueron suavizándose. Los colores empezaron a igualarse.

Y tras un tiempo la capucha de su sudadera dejó de ocultar sus bonitos ojos.

¿Qué os parece? ¿Os ha gustado?

 

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