domingo, 12 de julio de 2015

Cuéntame tu historia I: Trabajos, bares y Peleas

Hola Chicos, hoy os traigo la primera entrada de la iniciativa Cuéntame tu historia. Vamos rápido al lío, hoy no me voy a enrollar demasiado: Os presento el personaje de hoy.

Nombre: Marco
Físico: castaño oscuro, ojos marrones, andar desgarbado
Personalidad: fuerte, frío
 
 
El sonido rítmico del reloj de la cocina resonaba por toda la casa. Marco presionaba furioso las teclas de su portátil, a un ritmo vertiginoso. Tenía que terminar aquel trabajo antes de las 17 o no llegaría a tiempo al trabajo. Si no llegaba a tiempo al trabajo le despedirían, pero si no entregaba el trabajo le quitarían la beca. Estaba atado de pies y manos. No es que le interesara demasiado Shakespiere y su maldito Sueño de una Noche de Verano. ¿Por qué un estudiante de INEF tenía que saber todo aquello? Con un último chasquido, Marco puso el último punto a su redacción. Bajó la tapa del ordenador un poco demasiado bruscamente y corrió a su habitación a ponerse el uniforme. Después se apresuró a salir del apartamento que compartía con su hermana y se dirigió a un bar del centro.
 
El Japan-Ish era un bar temático con su inspiración en los Maid-Café de Japón. Las chicas llevaban vestidos negros de sirvienta, delantales blancos y cofias y los chicos iban con camisa blanca y pajaritas o corbatas negras. El bar no era lo que se dice refinado, pero a algunos clientes les gustaba venir. El ambiente era muy familiar. Marco consiguió trabajo allí junto con Carla, una amiga que también necesitaba el dinero.
 
- Hey, Marco, llegas por los pelo, ¿eh? - La voz de su amiga le pilló desprevenido y casi derrama el café que había empezado a preparar.
- Por dios Carla, que susto me has dado
- Perdona, perdona - dijo riéndose. - Oye, esta noche se ha organizado una fiesta en el solar, ¿Te apetece ir?
- No lo sé, tengo que terminar un trabajo y...
- Venga ven, será divertido Marco - Carla le miraba con una sonrisa y ojos chisporroteantes, conocía esa expresión
- ¿Con quién me has organizado la cita esta vez, casamentera? - Dijo Marco alzando una ceja
- Con nadie - dijo ella con fingida indignación, - bueno, con una de las chicas de la mesa 10. Llevan meses detrás de ti y he decidido darles una oportunidad.
- Pues te lo agradezco, pero no gracias. - Dijo él con una sonrisa cómplice - Sabes que no busco una pareja ahora mismo.
- Bueno, pero no perdía nada en intentarlo. - Le revolvió el pelo y volvió corriendo al trabajo.
 
Carla siempre le organizaba citas a ciegas con chicas que él no conocía de nada. Al principio había sido divertido dejarla que escogiera muchachas para él, pero con los intentos fallidos acumulándose todo aquello dejó de tener gracia. Con aquellos pensamientos rondándole la cabeza, cogió su libreta y su bolígrafo y se dirigió a una mesa que parecía que quería pedir.
 
Después de pasarse toda la tarde entre la barra, las mesas y la cafetera, Marco volvió a su casa para cambiarse de ropa y encaminarse al gimnasio para su otro trabajo. A parte de camarero, él era entrenador de boxeo, que era también para lo que estaba estudiando realmente. Había boxeado desde que tenía uso de razón. Empezó siendo un juego, luego pasó a ser algo con lo que defenderse y después lo que más le gustaba. Pareció como que hubiera nacido para ello, pero la universidad se interpuso en su camino. si quería que le contrataran en algún gimnasio importante tenía que tener el título de la universidad, además de las referencias de boxeador y entrenador. El boxeo era algo que lo definía como persona, le había marcado. Gran parte de su personalidad se basaba en aquel deporte, y por eso era tan importante.
 
Llegó a su hora habitual, media hora antes de lo que debía y se puso a golpear él mismo el saco un rato mientras esperaba al chico que estaba entrenando. Pero su discípulo no aparecía. Pasó una hora y él aún no había dado ninguna señal de vida, ni un mensaje, ni una llamada, nada. Marco decidió que ya le reprendería el próximo día y se dispuso a marcharse. Pero un hombre le detuvo.
 
- Tu boxeas, ¿Verdad? - El hombre tenía la voz ronca y olía a tabaco - Te reto a un combate aquí y ahora.
- ¿Puedo preguntarte por qué? - Dijo Marco extrañado, pero antes de que se diera cuenta estaba esquivando los derechazos de aquel bruto.
- Pelea hombre, si solo me esquivas no tiene ninguna gracia - dijo el desconocido riendo complacido.
 
Marco se agachó y se alejó un poco de su atacante antes de propinarle un golpe en la mandíbula. El contrincante se tambaleó hacia atrás y Marco bajó la guardia para preguntar si le había hecho daño. Y entonces, como de la nada, apareció un puño que fue a estrellarse entre sus ojos. Oyó un pequeño chasquido de su nariz al romperse y se desplomó en el suelo. No entregaré el trabajo a tiempo, pensó Marco mientras sus ojos se desenfocaban y la oscuridad se lo tragaba.
 

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